viernes, 11 de enero de 2019

No nos representan


Estamos en un año de elecciones. Hemos comentado en muchas ocasiones la ingenuidad de quienes creen que los políticos, actuando a su aire, por no decir a su antojo, nos solucionarán nuestros problemas. Estuve debatiendo con unos amigos que no encontraban razones para ir a votar. No en mi nombre, me decían, no nos representan.

Mi primera argumentación fue de corte estratégico. Simplemente les recordé lo que hoy ya es oficial: quienes salen ganando de no ir a votar son las derechas, hoy la ultraderecha. Andalucía es un claro ejemplo con la triple alianza. Lean el pacto firmado anteayer: todo son generalidades, palabras vacías. La única concreción es que debemos apoyar la tauromaquia, la semana santa y la caza. Perdón, también se exige la libertad para elegir los centros educativos, no sea que los ricos se junten con los pobres o se hable de la violencia machista. Pena es lo que produce el documento. 

Pero la razón más importante para elegir representantes no se refiere a las consecuencias de la abstención, sino a sus causas: la desafección y la desigualdad. No hay que identificar la democracia con un sistema representativo que hace aguas por todas partes. Ir a votar es el primer paso en una democracia que se precie, no el último. Si no damos este primer paso, dejamos la capacidad de cambiar las cosas en manos de minorías que, de forma disciplinada, votan por sus intereses. Pero si después de votar no hacemos nada, retrocedemos. La desigualdad y la falta de participación están estrechamente unidas. La libertad y la igualdad no se ganan solo con los votos.

Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (UJI, 11/01/18). El texto se puede consultar en la dirección: www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/no-representan_1195674.html?fbclid=IwAR0YLK3yVtBhT72bftLPJxsFku1sJvb2vn9kE389ilB0QVZM2dZY372YbjQ

martes, 8 de enero de 2019

Presentación del libro de Adela Cortina en la Librería Argot



El próximo 17 de enero de 2019 a las 19:00h. tendrá lugar la presentación del libro "Ética y política. Homenaje a Adela Cortina" en la Librería Argot de Castellón de la Plana, a cargo de Salvador Cabedo Manuel y Domingo García-Marzá.

Acceso a Editorial Tecnos: https://www.tecnos.es/ficha.php?id=5375903



lunes, 24 de diciembre de 2018

Migrantes



Esta semana hemos conmemorado el día internacional del migrante. El lema de este año es migración con dignidad. La dignidad hace referencia al reconocimiento de que somos personas iguales, que tenemos los mismos derechos y deberíamos tener las mismas oportunidades. Como diría Kant, un ser humano es quien tiene dignidad y no precio, quien debe ser un fin y nunca un medio para nuestro beneficio. A partir de esta mínima igualdad hablamos de humanidad. Los partidos de derecha y de extrema derecha vociferan que la inmigración está produciendo una auténtica catástrofe nacional. Una mentira que repiten sin cesar en sus medios, hasta convertir el mensaje en un masaje, es decir, hasta producir miedo y odio hacia el inmigrante. Mientras, los utilizan para bajar los salarios. 

Por supuesto que hablamos de emigrantes pobres. A los de la visa oro les sonreímos y ponemos alfombra. Y así capitalizan en votos el descontento producido por la desigualdad derivada de sus políticas. ¡Qué espectáculo: pobres contra pobres! Un pueblo como el nuestro, forjado en la emigración y que está viendo cómo sus hijos deben emigrar a otros países para poder vivir dignamente, no es capaz de comprender que nosotros hemos sido y seremos como ellos. Pero tampoco alcaldes de partidos supuestamente de izquierdas quedan al margen de tanta indignidad. Con la defensa de los puestos de trabajo justifican la fabricación de bombas y de fragatas con las que se asesinan a mujeres y niños, y de las que huyen los refugiados que llegan a nuestras costas. Doce murieron ayer. Póngale música a tanta inhumanidad y tanto cinismo y verán qué villancico más bonito les sale.



Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (UJI, 21/12/18). El texto se puede consultar en la dirección:
https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/migrantes_1192103.html?fbclid=IwAR09IpUuvi1ODVQvxvgwd-eXASd8M3DkepZ8uxQSTuSb1XPweJIodfxGKE8

viernes, 14 de diciembre de 2018

Democracia iliberal

Para algunos políticos la era de la democracia liberal ha terminado. Lo que ahora hace falta, dicen, es un nuevo tipo de democracia, una democracia iliberal, donde lo importante son líderes fuertes que tengan todo el poder, que sacrifiquen los derechos y libertades que hagan falta y así solucionar los problemas que nos agobian como el desempleo, la desigualdad, la inmigración, la unidad de la patria, etc. Qué curioso, se repiten los mismos argumentos en Hungría, Rusia o España. Sin embargo, las nefastas consecuencias de este retroceso democrático no tardan en aparecer.

Afirmaba Ortega y Gasset que democracia y liberalismo son dos respuestas distintas a dos preguntas bien diferentes: quién gobierna y cómo gobierna. Las dos cuestiones son necesarias y su integración es lo que entendemos por democracia: gobierna el pueblo a través de sus representantes y este poder siempre debe estar limitado, controlado por los mismos ciudadanos. De ahí, la división de poderes, la protección de los derechos y la garantía de la igualdad económica y social suficiente para que sean efectivos. De ahí también una sociedad civil fuerte que, sin ser política, tenga responsabilidad pública. Sin este liberalismo, sin protección jurídica y social, sin derecho de expresión o de información, sin una prensa libre, sin un pluralismo cultural y religioso, etc. no hay democracia sino dictadura. Estamos viendo que incluso existen dictaduras elegidas por una manipulada mayoría. Para evitar estas modernas autocracias existen las constituciones. No lo olvidemos cuando revisemos la nuestra.



Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (UJI, 14/12/18). El texto se puede consultar en la dirección:
https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/democracia-iliberal_1190621.html?fbclid=IwAR2dnDLRPa7ol4Dd2Xwjnbp7shTOHhL6xCRYiP1Fzv96C5IibcLT_cjc2uw

sábado, 8 de diciembre de 2018

Retroceso democrático

Bueno, ya están aquí. No podíamos ser menos que el resto de países europeos. Ya hemos elegido a políticos que creen que nos sobran derechos, como el de la igualdad de las mujeres; que afirman que toda la educación actual, menos la suya, es adoctrinamiento; que hay que eliminar las autonomías; que debemos limitar la libertad de prensa, en especial la crítica; que la culpa de todos la tienen los emigrantes; etc. Hoy, 40 años después de haber conseguido un acuerdo entre todos los españoles sobre qué significa un estado social y democrático de derecho, nuestra democracia no solo no se ha consolidado, sino que se está diluyendo, vaciando. No es posible continuar mirando hacia otro lado, repartiendo presupuestos de forma asimétrica o falseando las estadísticas y los sondeos.

En una entrevista al filósofo Jürgen Habermas sobre la descomposición europea nos hablaba del auge de la extrema derecha que, poco a poco, va rellenando los huecos que dejan la rabia y la indignación producidas por unos sistemas democráticos alejados de los ciudadanos. Unas democracias que solo saben hablar de austeridad, que han llevado a sus naciones a extremos desconocidos de desigualdad y abandono. Esta es la razón de tanto populismo, no los inmigrantes. No es nada casual la aparición de alternativas que esconden nuevas formas de autoritarismo y opresión. Debemos atajar estas desigualdades entre personas y territorios, si queremos seguir hablando de democracia. La entrevista terminaba con una frase lapidaria: el punto en el que no hay vuelta atrás no se ve hasta que es demasiado tarde.


Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (UJI, 07/12/18). El texto se puede consultar en la dirección: https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/retroceso-democratico_1189158.html