sábado, 6 de febrero de 2016

Latrocionio

Pillaje, rapiña, saqueo, etc. Elijan el término que más les guste. Son conceptos que sirven para definir bien en qué se había convertido la práctica política en muchas de nuestras instituciones. Ningún ámbito se ha librado de los zarpazos de la corrupción durante estos 20 últimos años. El objetivo no era solo acabar con lo público, era más bien convertirlo en su negocio. Desde la salud hasta la educación, pasando por el agua, los bosques o, incluso, la solidaridad y la dependencia. Solo la justicia se ha atrevido a definir aquello que teníamos delante: una organización criminal.
Con el dinero de las contrataciones públicas, previamente blanqueado, se financiaban las campañas, se pagaba la publicidad en los medios de comunicación afines y se silenciaba así cualquier tipo de crítica. Quién se mueve, no contrata. Una jugada perfecta, aunque el resultado sea el descrédito y una desmoralización difícil de remontar. No hay griterío que pueda silenciar tanta desvergüenza. No creo que baste con cambiar de nombre.
Pero también ha habido políticos, y muchos, que han actuado honestamente, que han dedicado gran parte de su tiempo a denunciar la corrupción que todos sospechábamos y que ahora la justicia reconoce. Si repetimos la frase fabricada “todos son iguales” encubrimos a los corruptos y menospreciamos a los buenos políticos, a quienes se preocupan por el bien público.
La corrupción requiere secretismo, exclusión e individualismo. No es solo cuestión de políticos y empresarios. Si tenemos una pequeña parcela de poder también somos corresponsables de lo que ocurre, desde las organizaciones empresariales a las universidades y sindicatos. Si la sociedad civil no se implica en lo público, pronto volveremos a lo mismo. H

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (06/02/2016)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/latrocinio_975262.html

sábado, 23 de enero de 2016

Dedocracia


Un tema que les aseguro que no veremos en estos días de diálogos y pactos --palabras que deberíamos entrecomillar-- es el de la proliferación de los cargos políticos. Recuerden que alguna vez hemos hablado de partidocracia, de la penetración de los partidos en todas las esferas de la vida social, desde los toros hasta la educación pasando por el poder judicial. Desde la transición hasta nuestros días, estos han ido extendiéndose y comiéndose a la sociedad civil que, incapaz de frenarlos, se ha retirado a la privacidad del sofá. Así nos va.
Ya sé que las cifras son incluso más sufridas que las palabras, más fáciles de manipular. Pero una razón de esta colonización política la encontramos en los cerca de 100.000 cargos políticos llamados, en un ataque de eufemismo, de “libre designación”. Tenemos toda una serie de asesores, personal de confianza, gerentes de empresas públicas, etc, que viven del dinero público.
Los partidos constituyen una auténtica fábrica de empleo, mejor dicho, son la empresa de contratación más importante. Sin embargo, estos trabajadores y directivos no han sido elegidos, ni pasan ningún proceso de selección o control, ni siquiera necesitan presentar un currículo. Solo responden con su lealtad ante quienes les han escogido.
El pobre diccionario ya no sabe qué decirnos. Mientras que define dedocracia como el nombramiento de una persona para ocupar un cargo realizado de forma arbitraria y con abuso de poder, ya no se atreve con la palabra meritocracia como forma de gobernar basada en el mérito. No hay forma de encontrarla.
Esta es una de las enfermedades más graves que sufre nuestra sociedad y también una de las razones básicas de la corrupción que soportamos. 

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (23/01/2016)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/dedocracia_972661.html

sábado, 16 de enero de 2016

Sinvergüenzas

Toda la gente que conozco paga sus impuestos. No lo hace con gusto, nadie siente placer o alegría cuando se dirige a Hacienda. Pero tampoco es solo el miedo a que nos pillen, no es el castigo lo único que nos mueve. Existe algo así como una obligación propia, una convicción de que es nuestra aportación para que todos --también nosotros-- tengamos una educación y una sanidad dignas; una protección en caso de vulnerabilidad o dependencia; unas pensiones para el día de mañana; una defensa de nuestras vidas y propiedades, etc.
Esta obligación moral está recogida en nuestra hoy tan cacareada Constitución, concretamente en el artículo 31, y obliga, por tanto, legalmente a todos los españoles. Este es el significado de la frase “Hacienda somos todos”: todos debemos contribuir porque todos nos beneficiamos, como también lo harán las generaciones futuras.
Pues bien, ya saben por dónde voy. Si una abogada del estado en vez de defender el interés colectivo, o sea al estado, se pasa a la defensa y suelta que esta frase es solo de “ámbito publicitario y no aplicable al derecho”, simple propaganda, está dejando sin credibilidad ni fuerza a los miles de inspectores de Hacienda lanzados por sus jefes a perseguir a profesionales, pequeños comerciantes y empresarios, autónomos, etc. ¿Por qué ante cualquier caso de fraude no aplicamos a todos la doctrina Botín, cuyo nombre ya indica de qué va el asunto?
Háganme el favor, busquen en el diccionario la palabra “sinvergüenza”, verán que tiene dos significados. Les dejo a su entera libertad elegir uno de los dos para definir este espectáculo bochornoso que carcome las bases de nuestro estado de derecho. Un ejemplo más de nuestro deterioro institucional.

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (16/01/2016)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/sinverguenzas_971349.html

sábado, 9 de enero de 2016

Alquilarse

Recuerdo el frío y la plaza llena de gente. Unos, los menos, con sombrero; otros, los más, con gorra. Los de sombrero señalaban con el dedo, apenas sin hablar, seleccionando quién trabajaría el día siguiente y mostrando así públicamente quién era honrado y buena persona o quién un vago o un simple mangante. Decidían la buena reputación y también el estigma, la vergüenza de volver a casa sin haber podido alquilarse. Qué palabra más infame, aunque describa muy bien la realidad.
Hoy, 50 años después, la situación vuelve a ser la misma, pero sin la plaza pública. Lo único que hemos conseguido es que la injusticia se oculte, ya no es políticamente correcta, no queda bien. Ahora se llama a la puerta de los comercios para suplicar un contrato a tiempo parcial, sabiendo que se trabajará el doble de horas; se implora en los restaurantes por una faena, por supuesto en negro, con la que sumar algo a la pensión y ayudar a hijos y nietos; se mendiga ante las empresas de trabajo temporal con un “por favor, explótenme”. Alquilarse, servir a otro por algún pago. Incluso existen cínicos que le echan la culpa de la crisis a quienes no han sabido alquilarse bien.
La injusticia no es una adversidad, es el resultado de una determinada política. Mientras las grandes empresas ganaron en 2015 un 30% más que el año anterior, las pequeñas se ahogan y el gobierno ofrece su limosna de fin de año subiendo el salario mínimo y las pensiones un par de euros. Muchas gracias por seguir señalando. Igual este año que empieza aprendemos y se lo agradecemos con los votos. 


Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (09/01/2016)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/buen-politico_967568.html

domingo, 3 de enero de 2016

El fraude de la responsabilidad social

Discernir el futuro de la responsabilidad social no resulta fácil en los tiempos actuales. Hace 15 años, el Libro verde (COM 2001) de la Comisión Europea proponía la responsabilidad social como vía posible para convertir el espacio europeo en «la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor cohesión social». Sin embargo, la magnitud de los escándalos que han salpicado a un buen número de empresas y organizaciones económicas desde el comienzo de la crisis, muchas de ellas con una marcada trayectoria en la implantación de políticas y programas de responsabilidad social, ha sembrado la duda sobre los verdaderos motivos que llevan a una empresa a adoptar una actitud responsable ante las expectativas legítimas de sus grupos de interés.
No es de extrañar, por consiguiente, que vuelvan a salir a colación los argumentos esgrimidos por Milton Friedman en 1970 en contra de la responsabilidad social. Especialmente su afirmación de que se trata de un fraude. De un movimiento motivado por la posibilidad de encubrir acciones que se realizan por objetivos que poco o nada tienen que ver con la voluntad de estar a la altura de aquello que los nuevos tiempos exigen. La crisis ha dejado evidentes muestras de ello en forma de elusión fiscal, corrupción, extorsión, excesos injustificables, malversación de caudales públicos, nepotismo y otras formas de mala praxis que han dañado tanto al sector como a la sociedad. Por tanto, parece lógico dar la razón a Friedman y pasar página; es decir, olvidarse de la responsabilidad social y centrarse en lo que realmente importa: cómo maximizar el beneficio de los accionistas.
Sin embargo, no todo ha sido negativo para el movimiento de la responsabilidad social durante estos últimos años. Al mismo tiempo que la sociedad española se empezaba a dar cuenta de que la crisis no iba a pasar de largo, se constituía en Castellón la Mesa de RSC. Se trataba de una propuesta pionera en la Comunitat Valenciana que, surgida de la iniciativa de una empresa privada y una organización pública, buscaba concretar en la práctica un espacio de diálogo para el intercambio de información y experiencias de buenas prácticas en materia de responsabilidad social.
Su éxito, más allá del grado de satisfacción de los objetivos establecidos, que también, radicó en su capacidad para atraer la atención de un nutrido y heterogéneo grupo de participantes con un enorme interés por aprender conjuntamente acerca de estos temas.
A lo largo de estos más de siete años de vida, la Mesa de RSC de Castellón ha ido madurando y creciendo en número de participantes y pluralidad de puntos de vista. Actualmente la plataforma cuenta con más de 30 miembros. Diferentes instituciones, asociaciones, fundaciones, oenegés, empresas y organizaciones provenientes de sectores tan dispares como, por ejemplo, la sanidad, la comunicación, la educación, la hostelería, la solidaridad y la industria química. Todas ellas, además del intercambio de experiencias a través de reuniones mensuales, promueven anualmente la realización de distintas actividades conjuntas de buenas prácticas y de promoción y difusión de la responsabilidad social. Cabe destacar al respecto los eventos programados para este 2016. Por un lado, el II Networking para la búsqueda de empleo. Un taller que, coordinado por todas las oenegés de la Mesa, pretende fomentar la empleabilidad de aquellas personas con difícil acceso al mercado laboral. Por otro, la II Jornada de RSC. Un espacio de debate donde expertos en la materia deliberan sobre la actualidad y el futuro de la responsabilidad social.
La Mesa de RSC de Castellón es un buen ejemplo del interés que sigue despertando la responsable social entre los diferentes ámbitos de actividad humana. No obstante, es preciso no caer en la complacencia y pensar en las posibilidades de futuro del movimiento. Y eso pasa por seguir trabajando interdisciplinarmente en su desarrollo y potenciación. Entre otras cosas importantes, en la construcción de un ethos responsable, en el discernimiento de nuevos mecanismos de la participación de los stakeholders, y en la gestión de la dimensión emotiva y moral que le subyace.
Por esta y otras iniciativas voluntarias y comprometidas, no cabe duda de que el fraude no está en la responsabilidad social, sino en aquellas empresas y organizaciones que hacen un mal uso de ella y utilizan a sus grupos de interés como simples medios para satisfacer un determinado objetivo empresarial. La crisis ha desenmascarado la irresponsabilidad de muchas de estas. Pero también ha mostrado que conviven con otras muchas empresas y organizaciones que están dispuestas a participar proactivamente de aquello que consideran justo y deseable tenga o no un valor de mercado. La realidad, por tanto, nos está mostrando dos caras bien diferentes. Cuál de ellas formará parte de nuestro futuro como sociedad depende solo de nosotros. Es cuestión de nutrir una y desabastecer la otra. H
*Profesor de Filosofía Moral del Departamento de Filosofía y Sociología de la UJI y coordinador de la Mesa de la Responsabilidad Social Corporativa de Castelló.

Patrici Calvo. El Periódico Mediterráneo. (3/01/2016)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/entre-todos/fraude-responsabilidad-social_969374.html