domingo, 28 de abril de 2019

Votar


En el franquismo que ahora algunos reivindican no se elegía a nadie, solo se requería una «adhesión inquebrantable». El peor crimen era, recuerden, ser «desafecto al régimen». Este es ahora nuestro problema con la democracia, muchos no la aprecian, no le tienen afecto. Pero si piensan un poco verán que no es la democracia lo que no nos gusta, sino la política. No hay que confundir la democracia con los representantes políticos. Las elecciones son solo el primer paso en un proceso de responsabilidad compartida por todos, no el último. Las cosas están mal y son precisamente los que peor están, pienso en los jóvenes, aquellos que menos acudirán a votar. Pero, ¿a quién votar?
Primero, a quienes en la campaña menos vociferen, insulten o mientan. Ya sé que es difícil, pero para eso tenemos inteligencia. Segundo, a quienes se presenten con un programa definido y unos compromisos concretos, mensurables y medibles, que no solo incluyan a los que más tienen sino a todos y, en especial, a los más vulnerables. Tercero, a quienes prometan avanzar en el cumplimiento de nuestros derechos y no retroceder, como, por ejemplo, en los derechos laborales o en la consideración de la mujer. Y, por último, a quienes se comprometan en un pacto educativo a largo plazo que ancle nuestra democracia en una cultura cívica común.

Una vez depositado el voto, nos toca a nosotros. Hay que comenzar a trabajar conjuntamente desde la sociedad civil, asumir responsabilidades desde nuestro quehacer diario. La democracia es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. Los jóvenes deberían haber aprendido ya esta lección.

Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (El Periódico Mediterráneo, 26/04/19). Disponible en: https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/votar_1217965.html?fbclid=IwAR3jeYRkuheQN9UjP4hx-m_fq2wJonjWkOAzIfaBV243SOIagAsmA6X8tWY

viernes, 12 de abril de 2019

Salvapatrias


Recordarán supongo a Luis XIV, aquel rey francés que afirmaba que el estado era él. Ha pasado a la historia como el representante del estado absolutista. Pues bien, no sé cómo tratará la historia a nuestro ilustre president de la Generalitat catalana por afirmar que «el pueblo soy yo». No dice que representa al pueblo, no puede hacerlo con sus votos, sino que «es» el pueblo. Aún estaríamos tronchándonos de risa si no fuera porque su siguiente afirmación nos puso los pelos de punta: «la democracia está por encima de las leyes». No olviden que quien dice esto tiene el poder sobre la policía, la sanidad, la educación y, por supuesto la televisión.

Da igual el salvapatrias de turno que elijamos. A unos les da por expulsar a los inmigrantes, a los pobres; a otros por la independencia o por la unidad de la patria. Todo vale con tal de derribar lo poco que hasta hoy hemos logrado en nuestra convivencia democrática, con tal de frenar cualquier cambio real. Aquello que pretenden estos aprendices de caudillo es ocultar los problemas que tenemos. Me refiero a la explotación laboral, a la miseria y a la desigualdad social, al abandono de los más vulnerables, a la falta de futuro para nuestros hijos. La única patria que merece la pena defender es la del respeto, la justicia social y la solidaridad, sean cuales sean las fronteras. Las banderas sirven para agrupar el rebaño, los palos que las sostienen para castigar a quienes difieren del grupo.

Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (El Periódico Mediterráneo, 12/04/19). Disponible en: https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/salvapatrias_1215367.html?fbclid=IwAR3GFJUoVJ2ceUzbPcvoQUp1E_bGtjXDRvyvgCmqW61AAOlZaoIl5UMHThA

viernes, 5 de abril de 2019

Pobres ricos


Hace bastantes años emitían la serie Los ricos también lloran. Su objetivo era convencernos de lo mal que lo pasan los ricos, lo desgraciados que son. No por pasar hambre ni frío, sino porque dentro de sus palacios y coches de lujo tenían problemas de envidias, celos, camas ajenas, herencias... No terminaba de convencernos, pero la gente se distraía viendo que aquello con lo que soñaban derivaba en un infierno parecido al suyo.

Este recuerdo viene a cuento porque en el programa de los partidos de derecha, incluso los de extrema derecha, aparece con mayúsculas la reducción de impuestos para los más ricos. Sus supuestos economistas y sus bien pagados periodistas vociferan que, si los ricos cada vez son más ricos, el vaso desbordará y podremos recoger las gotas que sobran. Saben, pero no dicen, que el egoísmo humano es infinito. Como ya predicaba Jesús: a todo el que tiene se le dará y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun aquello que tiene se le quitará

Miren su nómina, si tienen la suerte de tener una, comprueben cuánto pagan de impuestos si son autónomos o pequeños y medianos empresarios y, después, compárenla con lo que pagan empresas cotizadas, grandes fortunas fondos de inversión, etc. Si tienen tiempo, averigüen incluso qué son las sociedades de inversión de capital variable. Verán cómo disfrutan cuando vayan a votar.


Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (El Periódico Mediterráneo, 5/04/19). Disponible en: https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/pobres-ricos_1213931.html?fbclid=IwAR2-AqYq7AjFC1Oq6c7g36boiocjXpkziLjC-oObR4oVUHjAMpUvHmEcBbI

viernes, 29 de marzo de 2019

Los perdedores


Nadie duda que el incremento de la desigualdad está íntimamente relacionado con el aumento del populismo autoritario. Cada vez más la gente cree en iluminados y visionarios, en alguien que venga, o vuelva, para salvarle de un régimen que, si bien le ha dado libertad, ahora se pregunta para qué la quiere, si no dispone de las condiciones para disfrutarla, para realizar la vida que considera digna.

Es la decepción la que se esconde detrás del voto populista. Esperábamos más de nuestros políticos, pero se han enredado en la corrupción y en la mediocridad. No todos son iguales, pero cada vez cuesta más diferenciarlos, cuesta más entender que la política es un servicio y no una profesión, menos aún un trampolín para sentarse en el sofá de algún consejo de administración o bufete de abogados. Mientras unos mueren esperando que les atiendan, otros se enriquecen privatizando la sanidad. Mientras algunos no pueden pagar la universidad, a otros les regalan el master. Pero el desengaño tiene un efecto devastador cuando se combina con la ingenuidad. Ante tanta inequidad, muchos ansían que venga el salvapatrias de turno, con sus genes, millones o medallas, para que nos solucione los problemas. Es entonces cuando perdemos la memoria, nos olvidamos de lo mal que estuvimos antes, de lo que nos pasó por confiar en líderes carismáticos. Nunca hemos estado mejor como sociedad que en este período democrático. Salir de esta situación solo es posible uniendo nuestros votos y nuestra responsabilidad. Es apuntalar la democracia lo que necesitamos, no derribarla.


Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (El Periódico Mediterráneo, 22/03/19). Disoinible en: https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/perdedores_1210729.html?fbclid=IwAR07onVBVEqUQN7G30MlsKmMXOACzoTAknc1N0XsDWA4wa5rU4hSAdGtMJw

viernes, 15 de marzo de 2019

Dictaduras electas



Muchos ciudadanos piensan que nuestra democracia es un logro ya conseguido, que no corremos ningún peligro de volver a las andadas, a la dictadura me refiero, ni de perder los derechos conseguidos gracias a muchos héroes anónimos que dieron sus vidas y que hoy nadie recuerda, bueno para insultarlos sí. Los perdedores de esta pobre democracia deberían estar organizándose, pero son prisioneros de la precariedad laboral y de la manipulación de las redes, aletargados por una brutal falta de futuro. Si como dice un lema estúpido, y bien falso, hay que pensar todas las mañanas si queremos ser tigres o gacelas, comer o ser comidos, la respuesta está en la desafección y la desmoralización. ¿Para qué correr?

El descontento contra unos partidos que se han dedicado a hacer los deberes sin rechistar, siguiendo la senda marcada por la austeridad, es decir, por el aumento de la riqueza de unos pocos y el sufrimiento de muchos, está dando alas a los populismos de todo tipo, independentismos incluidos. Qué fácil es hablar con la voz del pueblo e interpretar esa voz según interese. Solo hacen falta unos cuantos millones para dominar prensa y redes y comenzar a mentir. ¿Por qué no aprovechar sus mentiras y castigar con nuestro voto a los partidos que tan poco han hecho? ¿Para qué queremos los derechos individuales o las garantías jurídicas? Pero los que hemos nacido en la dictadura sabemos de su valor, sabemos que puede ser peor. La historia nos enseña que la falta de libertad y la desigualdad están unidas. Solo hace falta un poco de memoria.

Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (El Periódico Mediterráneo, 15/03/19). El texto se puede consultar en la dirección:  https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/dictaduras-electas_1209299.html