Blog del Grupo "Filosofía Política y Ética Empresarial" de la Universitat Jaume I
viernes, 7 de junio de 2019
Empleo digno
Las noticias diarias nos muestran las violaciones de los derechos humanos, la explotación de personas, el desprecio y la falta de reconocimiento, ocurriendo en otro lugar, lejos de aquí. Sin embargo, cuando vemos que incluso la miseria laboral se subcontrata delante de nuestras narices, cuando se muere al manillar de una bicicleta repartiendo comida basura, ya no es posible mentirnos. Es fácil percatarse que la explotación laboral y la miseria salarial está entre nosotros, más aún, han venido para quedarse. La crisis fue la justificación de la austeridad y la precariedad laboral. Estamos saliendo de la crisis, incluso Bruselas nos felicita y nos anima a seguir por la vía de la seriedad presupuestaria. Pero los salarios no parecen mejorar, al menos como sí lo hacen los beneficios empresariales.
Esta semana se han publicado las cifras del paro en nuestro país y nuestros políticos se alegran de lo bien que estamos. Se han creado más de 200.000 puestos de trabajo. «Solo» quedan tres millones de parados. Nos ha salvado, una vez más, el turismo, la hostelería a la cabeza. Pero de estos empleos más del 90% son temporales, casi todos precarios. El abuso empresarial en la utilización fraudulenta del contrato temporal es un hecho, del que se deberían diferenciar las empresas que intentan hacer las cosas bien. No es de recibo trabajar todo el día y cobrar media jornada, apenas 600 euros, además de forma intermitente. En estas condiciones de pobreza e inestabilidad, piensen a ver quién se atreve a tener hijos. La responsabilidad de esta situación no reside solo en los políticos.
*Catedrático de Ética
Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (El Periódico Mediterráneo, 7/06/19). Disponible en:
https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/empleo-digno_1226447.html?fbclid=IwAR28oZ7Xy2BbcdrVA3OCmhAd3hhasiGtZqar5fYA0H4WDaBOobCYobq0XdE
viernes, 24 de mayo de 2019
Ética de la ciudad
La semana anterior hablamos de la importancia de la ciudad, de cómo se ha convertido en uno de los actores clave en el actual escenario global. Vivimos en un planeta urbanizado, la mayoría de su población habita en ciudades. En su interior nos socializamos y obtenemos los recursos para sobrevivir y para intentar llevar una vida digna de ser vivida. ¿Pueden tener ética las ciudades? La tienen, les guste o no. Por supuesto que las ciudades no piensan ni actúan por sí mismas. Pero sí lo hace la voluntad de sus ciudadanos y gobernantes. Al igual que decimos que las personas tienen un carácter o ética, fruto de cómo han aprovechado sus capacidades y oportunidades, también decimos de las ciudades que tienen una ética, una forma de ser y hacer que las distingue de las demás, que las hace singulares. Este carácter es el fruto de las decisiones y actuaciones realizadas, tanto hoy como en el pasado. Desde ahí se van construyendo tanto su reputación como la confianza que nos merecen. Hablamos así de ciudades dormitorio, abiertas, inteligentes, hospitalarias, tradicionales, etc. Ciudades donde querer vivir o, si pudiéramos, salir corriendo.
Esta ética no se inventa, está en el corazón de quienes habitan la ciudad. Un ejemplo. ¿Qué calificativo otorgarían a una ciudad que aparece en el mapa porque decenas de miles de jóvenes la visitan para divertirse, ocupando, previo pago, sus playas y lugares públicos, desplazando a sus vecinos, quienes deben soportar este agravio sin que nadie les haya preguntado su opinión, sin que sepan qué beneficios recibe a cambio su querida ciudad?
Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (El Periódico Mediterráneo, 24/05/19). Disponible en:
https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/etica-ciudad_1223641.html?fbclid=IwAR3AVFExX8SIYJLIN0AdyzSYarrpwmSWVzWMW84oTH13YbyAC6FMfszwe9g
viernes, 17 de mayo de 2019
Europa y la ciudad
Desde los pasados 90 vivimos en un imparable proceso de globalización. Estamos en una época donde los problemas y las soluciones ya no se limitan a las fronteras del estado nación. En un país se contamina más o menos, pero las consecuencias del cambio climático nos afectan a todos. La miseria puede estar cerca o lejos, pero las migraciones nos involucran. También las guerras que ayudamos a mantener vendiendo armas. Para enfrentarnos al actual desorden mundial, del que siempre se benefician los que más tienen, necesitamos dos estructuras democráticas complementarias.
En primer lugar, democracias supranacionales. Europa, en nuestro caso. Hay que estar ciego para no ver la actual lucha entre Europa, Estados Unidos, China y Rusia. Entre ellos, solo Europa sigue defendiendo los derechos políticos, sociales y económicos, aunque lo haga bien o mal. Debemos ir a votar, no solo para defender nuestros intereses, que también, sino para preservar unos derechos, a la igualdad y al trabajo digno, por ejemplo, que en otras zonas no existen. En segundo lugar, democracias locales. Pensar globalmente y actuar localmente. Este es un lema que debe orientarnos al ir a votar. Una ciudad puede firmar un manifiesto contra el cambio climático, pero también puede rechazar la licencia de actividad económica a una empresa o establecer políticas de empleo o medioambientales. La ciudad es la mayor apuesta de futuro, siempre y cuando sepamos hacia dónde queremos ir. Los representantes políticos tienen que gestionar este camino, pero no decidir por nosotros.
Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (El Periódico Mediterráneo, 17/05/19). Disponible en:https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/europa-ciudad_1222221.html?fbclid=IwAR3HUaEdWCqAAmuxzbpqXdIT3H_Hg1Z7fI10E7ZuWbR-HBUG6hxexqsMetA
viernes, 3 de mayo de 2019
Políticos
Bueno, ya hemos pasado unas elecciones. Pienso que ha predominado el sentido común: los ciudadanos han ido a votar, como es su obligación, y han castigado de forma clara y rotunda a políticos y partidos que se han pasado toda la campaña gritando, insultando al adversario, mintiendo, amedrantando a la gente, enfrentando a unos con otros. Han perdido quienes han hecho de todo menos argumentar y convencer. Es una buena lección, una señal de que la democracia tiene un sentido propio y no se deja manipular fácilmente. Pero los políticos son nuestros representantes, no nuestros suplentes. Son los encargados de tomar decisiones que nos afectan a todos, de definir e implementar las políticas públicas. Unas políticas que deben tratar a todos por igual y, si hay problemas, pensar primero en quienes menos tienen. Eso es lo que denominamos justicia. Les pedimos que para ejercer su representación sean justos, honestos y responsables. No todos son iguales, hay quienes intentan hacerlo bien, incluso quienes quieren dar ejemplo. Saben que solo así pueden ganar nuestro respeto y confianza.
En una democracia es donde mejor se aprecia que toda responsabilidad es y debe ser compartida. No son los políticos quienes van a trabajar en las oficinas y fábricas, enseñar en escuelas y universidades, curar y cuidar en hospitales y centros de salud. Deben facilitar que hagamos bien nuestro trabajo, pero no inmiscuirse, no intentar colonizarlo. No se confundan, los políticos tienen autoridad política pero no tienen autoridad moral, no son nadie para decidir lo que está bien o mal. Moralmente nadie puede decidir por nosotros. Por eso no podemos dejarlos solos.
Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (El Periódico Mediterráneo, 26/04/19). Disponible en: https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/politicos_1219379.html?fbclid=IwAR19jKtrnvyg_eI0I9bKmZofRQ8UbB-jQmaqLza-aeRztXPkfWoo53J3p-U
domingo, 28 de abril de 2019
Votar
En el franquismo que ahora algunos reivindican no se elegía a nadie, solo se requería una «adhesión inquebrantable». El peor crimen era, recuerden, ser «desafecto al régimen». Este es ahora nuestro problema con la democracia, muchos no la aprecian, no le tienen afecto. Pero si piensan un poco verán que no es la democracia lo que no nos gusta, sino la política. No hay que confundir la democracia con los representantes políticos. Las elecciones son solo el primer paso en un proceso de responsabilidad compartida por todos, no el último. Las cosas están mal y son precisamente los que peor están, pienso en los jóvenes, aquellos que menos acudirán a votar. Pero, ¿a quién votar?
Primero, a quienes en la campaña menos vociferen, insulten o mientan. Ya sé que es difícil, pero para eso tenemos inteligencia. Segundo, a quienes se presenten con un programa definido y unos compromisos concretos, mensurables y medibles, que no solo incluyan a los que más tienen sino a todos y, en especial, a los más vulnerables. Tercero, a quienes prometan avanzar en el cumplimiento de nuestros derechos y no retroceder, como, por ejemplo, en los derechos laborales o en la consideración de la mujer. Y, por último, a quienes se comprometan en un pacto educativo a largo plazo que ancle nuestra democracia en una cultura cívica común.
Una vez depositado el voto, nos toca a nosotros. Hay que comenzar a trabajar conjuntamente desde la sociedad civil, asumir responsabilidades desde nuestro quehacer diario. La democracia es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. Los jóvenes deberían haber aprendido ya esta lección.
Domingo García-Marzá. Catedrático de Ética (El Periódico Mediterráneo, 26/04/19). Disponible en: https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/votar_1217965.html?fbclid=IwAR3jeYRkuheQN9UjP4hx-m_fq2wJonjWkOAzIfaBV243SOIagAsmA6X8tWY
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