viernes, 27 de enero de 2017

El valor de la juventud

Año tras año las encuestas sobre valores y juventud nos muestran una realidad nada esperanzadora. Es un lugar común hablar de juventud y crisis de valores, pero si pensamos un poco vemos que no se trata de que no tengan valores, sino de que tienen otros. La cooperación y la solidaridad, por ejemplo, se han transformado en competitividad e individualismo. Nada que objetar, si no fuera porque este cambio despoja a los jóvenes de su valor esencial: su fuerza. Es la juventud quién puede cambiar una situación social y económica injusta que se empeña, precisamente, en negarles un futuro. Los valores son necesarios para dar sentido a nuestra vida, para orientarnos y para motivar nuestras acciones. Gran parte de nuestra juventud se orienta por un egoísmo consumista que piensa que la felicidad se compra, que nada debe ni reconoce a los demás, que sigue esperando un estado protector que les salve, aunque nada quieran saber de él. La pasividad ha anidado en su carácter, ya no ven que solos no somos nadie. El resultado final nos lo resume el Banco de España: la riqueza neta de los menores de 35 años se ha desplomado un 93%.

Pero los valores no están en nuestros genes, están en nuestra cultura. La educación es, y no puede dejar de ser, una incrustación de valores. La cuestión radica en decidir si cogemos las riendas de una educación que potencie la participación y recupere así la fuerza de la juventud o la seguimos dejando en manos del mercado, que no busca formar personas sino clientes. Y lo está consiguiendo: causas muchas, rebeldes cada vez menos.

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (27/01/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/valor-juventud_1045452.html

viernes, 20 de enero de 2017

Miedo en Davos


Estos días se habla del Foro Económico Mundial de Davos, un lugar donde se reúnen para hablar del presente y futuro de la economía. Se sientan a debatir los llamados milmillonarios y sus multinacionales, así como gobiernos y políticos que, ni por asomo, han sido elegidos por sus parlamentos para estar ahí. Lo sorprendente de este año es su desvelo por un liderazgo responsable y receptivo. ¿Qué entienden estos señores por responsable? Y aquí es cuando uno no saber si reír o llorar. Ni más ni menos que su preocupación es reformular el capitalismo para que sea más inclusivo, una reforma de la economía para que no haya tanta desigualdad, para distribuir mejor la riqueza. El reto, dicen, es cómo traducir el crecimiento económico en avances sociales. Loable tarea que, por supuesto, se la encargan a los gobiernos que ellos mismos han propiciado. Esto lo dicen quienes utilizan una intrincada red de paraísos fiscales para no pagar impuestos. ¿A quién pretenden engañar?

Podríamos pensar que les ha entrado un ataque de solidaridad, por supuesto a cargo de los que no están sentados allí. Pero no. Algunos deben haber leído a Kant cuando nos dice que aquello que no somos capaces de arreglar entre todos, se encargará la naturaleza de hacerlo por nosotros, a través de desastres, revueltas, guerras, migraciones, etc. Saben que, con esta brutal explotación, provocando tanta miseria, destruirán la credibilidad de los sistemas políticos y económicos de los que extraen sus fortunas. No es responsabilidad, es el miedo a matar a la gallina de los huevos de oro.

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (20/01/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/miedo-davos_1043832.html


viernes, 11 de noviembre de 2016

Los medios, responsables


En qué se diferencian una carnicería y un periódico? Son dos empresas que tienen un producto que vender y que necesitan de unos clientes para obtener beneficios. Sin embargo, el chorizo es un bien privado que si yo lo consumo ya no lo pueden hacer ustedes, mientras que la información es un bien público que no repercute solo en quien lo posee sino también en los demás, por ejemplo, conformando opiniones, sosteniendo gobiernos o cargándose secretarios generales. Hoy en día vemos y entendemos la realidad política a través de los medios.
La responsabilidad de los medios consiste en su capacidad de responder ante la sociedad de lo que dicen o hacen, tanto las empresas como sus profesionales. Esta capacidad constituye un crédito en el que depositan su confianza los telespectadores, oyentes o lectores. Sin esta credibilidad el medio pasa a la categoría de «no-fiable», pierde prestigio y reputación. Averiguar en qué consiste esta responsabilidad es bien fácil puesto que solo tenemos que preguntarnos qué esperamos cuando compramos un periódico, sintonizamos una emisora o vemos un programa de televisión: que no nos mientan, que no nos manipulen, que no nos embauquen, etc. Es decir, que sean independientes y veraces.

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (11/11/2016)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
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viernes, 14 de octubre de 2016

Descrédito

Nuestro mosqueo con los políticos es alarmante, incluso peligroso. En la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas leemos que el 87,1% de los encuestados definen la situación política como mala o muy mala. Los principales problemas siguen siendo el paro y la corrupción, pero en tercer lugar suben con fuerza los políticos y sus partidos. Esto significa que nueve de cada diez españoles no se fían de sus representantes. No vemos en ellos la solución de nuestros principales problemas, vemos más bien su causa.
No hace falta ser adivino para saber que nuestra democracia hace agua. La posición conservadora, el más de lo mismo, ya no es posible. No hay crédito. Sin embargo, los partidos pretenden seguir como si nada. Los políticos no pueden seguir negando la corrupción cuando es el propio partido el que está imputado; ni dando espectáculos barriobajeros cuando deberían demandar justicia social; ni pretendiendo recuperar la calle desde sus despachos universitarios; ni tampoco dando bandazos. Por lo que dicen las encuestas, en algo estamos de acuerdo: ya no les creemos.
La democracia es la única forma de gobierno que apoya su poder en la credibilidad y la confianza de sus ciudadanos. Si no hay confianza en los partidos, estos tendrán que cambiar o de la democracia solo quedará el nombre. Aunque sabemos que este cambio no lo harán por sí mismos. Solo la presión de la sociedad civil puede obligarles. Pero antes hay que exigirles que dejen sus ansías de colonización y de entrometerse en los hospitales, universidades, empresas, asociaciones, etc. Solo esta democracia de doble vía, gobierno y sociedad civil, nos permitirá avanzar.

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (14/10/2016)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/descredito_1022957.html

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Crisis, ¿para quién?


Cuando más aumenta la precariedad del mercado laboral y tener un trabajo no significa salir de la pobreza, cuando se nos piden más sacrificios y más hogares no reciben salario alguno, cuando se reclama comprensión ante los recortes sanitarios y ante la expulsión de miles de estudiantes que ya no pueden pagar las excesivas matrículas universitarias, ahora va y resulta que durante la crisis ha crecido el número de millonarios en España. En 2015 aquellas personas que tenían más de un millón de euros aumentaron en un 8,4% respecto al año anterior, siendo el mayor incremento registrado en Europa en el mismo período. Todo esto al mismo tiempo que España era también líder en la reducción de las prestaciones sociales. Por fin somos los primeros en algo: en desigualdad.
Pero eso no es lo peor. Estos días leemos que, según la Agencia Tributaria, el número de multimillonarios, aquellos que declaran tener un patrimonio valorado en más de 30 millones de euros, ha aumentado un 44% desde el 2011. Sí, han leído bien, en plena crisis. Fortunas que se concentran en aquellas comunidades donde no se pagan impuestos de patrimonio. Por no hablar de los paraísos fiscales. Emociona tanta solidaridad.
Ante estos datos, es muy fácil saber quiénes están contentos y, por tanto, volverán a votar para seguir igual. Pero no son tantos. ¿Qué ocurre con los que pierden? ¿Votarán también a los mismos? Muchos siguen confiando en la teoría del derrame, en que cuando los ricos tengan el vaso lleno repartirán las gotas que rebosan. Ante tamaña ingenuidad, poco se puede hacer. Quizás solo aconsejarles que esperen sentados y vayan madurando qué significa justicia social. 

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (16/09/2016)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/crisis-para-quien_1016028.html